el teléfono no suena, otra vez te has vuelto a ir para siempre.
Al fondo a la derecha, donde el pasillo esté menos iluminado, saldré a buscarte. Pero siempre llego tarde.
Siempre llegué tarde.
Las camas invidivuales donde duermen dos personas, las pinceladas rápidas y nerviosas, y el olor de tus manos a tabaco.
Las memorias de nuestro olvido, escritas con sangre en la esquina más sucia de la cuidad.
Lo siento, siempre llegué tarde, pero esta vez... Esta vez te lo avisé.
viernes 7 de mayo de 2010
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2 comentarios:
Normalmente, no te suelo decir nada, pero esta vez no he podido más, me has matado... me encanta.
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